Su meta es la conquista por parte de los trabajadores de los medios de producción y cambio y la reorganización de la sociedad según los principios federalistas, autogestionando todas las estructuras sociales y económicas los mismos trabajadores. Es por ello que el anarcosindicalismo es radicalmente antagónico con cualquier forma de capitalismo y de organización estatal o estatismo. A este planteamiento se le conoce como comunismo libertario. [1]
De la unión del negro del anarquismo y el rojo del movimiento obrero surge la bandera del anarcosindicalismo.
Sus principios esenciales son: el federalismo, la autogestión, la acción directa (tratamiento de los conflictos laborales entre empleador y trabajadores, sin el concurso de terceros) el apoyo mutuo, el anticapitalismo y el internacionalismo.
Historia
Deriva de los postulados originales de la Primera Internacional, tomando el sindicato como el medio de lucha de la clase obrera. Ha tenido un papel importante en Argentina, Italia, Estados Unidos, Uruguay, Francia, Rusia, Corea o España, lugar este último donde tuvo una gran importancia en la Revolución Española de 1936. Véase Anarquismo en España para una exposición más exhaustiva del anarcosindicalismo en este país.
Actualmente, el anarcosindicalismo se halla, a pesar de ser una fuerza minoritaria, extendido por los cinco continentes, siendo la organización que más lo impulsa la AIT, organización fundada en Berlín en 1922 y que pretende ser la continuadora de la Primera Internacional.
Una de las grandes dificultades a las que se ha enfrentado históricamente el anarcosindicalismo ha sido sus divisiones internas. La síntesis ideológica resultante entre el anarquismo y el sindicalismo revolucionario conlleva tensiones entre partidarios más inclinados hacia una u otra tendencia, lo que ha provocado y provoca divisiones en los senos de las organizaciones anarcosindicales.
En España, durante el período de la Segunda República hubo dos escisiones al respecto. La primera escisión, surge de una reacción por parte de sindicalistas ante el predominio de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) dentro de la CNT. Estos sindicalistas escribieron una carta exponiendo sus diferencias y se los conoció como los treintistas (pues esa carta fue firmada por 30 adherentes). La segunda escisión vino por parte del cenetista Ángel Pestaña, que fundó y lideró el Partido Sindicalista, aunque finalmente reingresó en la CNT y volvió a los principios anarcosindicalistas clásicos.
En la actualidad el anarcosindicato de España que continua adherido a la Asociación Internacional de los Trabajadores (A.I.T.), es la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Se opone a las elecciones sindicales y recibir subvenciones, y practica la autogestión manteniendo una autonomía total del Estado. Sus afiliados y secretarios no son remunerados en ningún caso.
Otro sindicato que se proclama anarcosindicalista en España es la Confederación General del Trabajo (CGT), que surgió como escisión posibilista de la CNT. La CGT participa en elecciones sindicales para la creación de los comités de empresa, dispone asalariados a su cargo, recibe subvenciones del Estado [2] y tiene liberados sindicales. En Madrid sufrió una escisión llamada Solidaridad Obrera.